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Viejo 23/jun/01, 23:11
mariba
Novato
 
Fecha de ingreso: 19/sep/05
Mensajes: 30
Predeterminado Cuentos

11

No fueron dos semanas sino tres las que Fabián debió permanecer en Montevideo, por problemas familiares más que laborales. Su madre, viuda desde 1985, no entendía por qué no se quedaba con ella. "Si todavía confiás en que Juliana reaparezca, te vas a anquilosar en esa espera. A los treinta años, tenés toda la vida por delante, pero no te va a ayudar que te entierres en un pueblo sin futuro como San Jorge". "Allá trabajo más tranquilo". "Trabajo? Articulitos, sólo eso. Cuándo vas a escribir aquella novela que planeaste tan cuidadosamente cuando aún vivía tu padre? El estaba muy ilusionado con tu futuro de escritor. Un futuro que se quedó en el pasado. En vez de novelista, simple gacetillero. Y no le echo la culpa a Juliana, la pobre, vaya a saber cómo terminó, sino a la política. Fue la política la que pudrió el futuro. Estudiabas agronomía. Y ahora qué?". "Está bien, Lucía (nunca le había dicho mamá). Trataré de enmendarme". "Dónde? En San Jorge?".
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12

A San Jorge, y por supuesto a la pensión Brescia, volvió dos días después de la ríspida charla con su madre. La dueña lo recibió como a un hijo pródigo. Y él armó de nuevo su refugio provisional con apariencia de definitivo. Libros, papeles, esta vez se trajo además su computadora portátil. O sea que estaba completo. Pensó que no sería tan desatinada la idea de su madre de que retomara su antiguo proyecto de novela. Después de todo era una historia de fantasmas, que hoy estaban de moda. Sin sábanas, pero fantasmas, que no sólo se esfumaban sino que además se duchaban, corrían, fornicaban, lloraban y reían. Algo así como una humanidad clónica. Es claro que todo eso lo había pensado varios lustros antes de la oveja Dolly. Tenía que ajustar los detalles y la peripecia. Eso después. Ahora debía ocuparse del artículo de rigor. Había que aprovechar que el nuevo jefe era Ferreiro-Vélez, de modo que se despachó a gusto contra el Mercosur y su negativa influencia sobre la cultura de la zona. Almorzó en la fonda del napolitano (ñoquis, claro), volvió a la pensión para una siesta breve, y a media tarde, tras una ducha reparadora, fue a llamar al 12-A, sin imaginar lo que le esperaba.
La puerta no la abrió Carmela sino Juliana. Casi no pudo apreciar cómo lucía, ya que ella lo abrazó con ansia, llorando, casi gimiendo de alegría?. Sólo cuando pudo apartarla y daarle un pañuelo para ampararla en su llato, sólo entonces pudo verificar que la Juliana de ahora no era la de siempre. Más delgada, más pálida, menos vital, con manos más afiladas y una tristeza que contaminaba todo el conjunto. Se ubicaron en el patio, frente a la enredadera invasora. Fabián lo asumió como una escena repetida. Aparentemente en la casa no había nadie más.
Se atrevió a preguntar: "Y Carmela?" "Carmela se fue", dijo Juliana, ya más tranquila. "Sé que con ella hiciste buenas migas. Te dejó recuerdos". "Ah. Pero, a dónde se fue?" "No quiso decírmelo. Sólo que estaba cansada de tantos años en San Jorge, y que, ya que yo había regresado y podía ocuparme del tío y de mi hermano Arnoldo, ella también reclamaba su derecho a desaparecer. Qué podía objetarle yo, después de mi larga ausencia?. Así como te lo trasmito, suena como un desquite, pero ella lo dijo sonriendo, acariciándome la cara, como si se quisiera convencer de que su hermana volvía a existir. Es tan buena Carmela, no te parece?". "Sí que lo es", dijo Fabián.
Fueron a la cocina y Juliana encendió la cafetera. Otra escena repetida, Desde atrás, él evocó otro momento semejante y muy cercano, pero esta vez no tuvo el impulso de abrazar. Tomaron el café y Fabián dijo: "Bueno, ahora que te serenaste, contame cómo fue todo, qué pasó, por qué desapareciste". "No, Fabián, no voy a contar nada. Ni a vos ni a nadie. Tampoco voy a inquirir qué sucedió en tu vida durante este tiempo. No quiero saber si tuviste o tenés otra mujer. Creo que lo mejor para ambos es que no indaguemos en nuestros respectivos pasados, no los de antes, que los conocemos, sino los de ahora, que los ignoramos". "Pero, por qué ese misterio?. Qué te hicieron? Qué hiciste?" Ella le puso una mano sobre los labios, con la otra cubrió los suyos. "A veces es mejor vivir que revivir".
Sólo ahora advirtió Fabián que Juliana llevaba puesta la túnica de Carmela. Ela le tomó una mano y lo llevó al dormitorio que había sido de Carmela pero que antes había sido el suyo. "Calmate Fabianzuelo", dijo, y empezó a abrirle la camisa hasta quitársela , luego le desabrochó el cinturón, y entonces él decidió quitarse el short. Juliana abrió la túnica blanca de Carmela. Denajo estaba, sin otro impedimento, el cuerpo de Juliana.
Fabián la llevó al lecho y fue ella la que empezó el turno de caricias. Cuando él quiso imitarla y cuando sus manos se fueron deslizando por ese cuerpo que tanto había querido y aún quería, se encontraron de pronto con una profunda cicatriz en el vientre. Sintió que su erección desfallecía y se incorporó a medias. "Y esto qué es? Qué te hicieron?" "No preguntes, mi amor; todo es historia vieja, transcurrida, borrada. No preguntes, mi amor. Disfrutémonos. Como antes, como ahora. Por favor, disfrutémonos. Estamos juntos no? Entonces disfrutémonos, mi amor".
De nuevo se sumió Fabián en ese cuerpo castigado y de a poco fue recuperándose. Sin embargo, en medio del vaivén erótico e incluso del orgasmo a dos voces, Fabián tomó conciencia de que sentía nostalgia de una nueva ausencia, comprobó con angustia que añoraba (y que añoraría para siempre) aquel otro cuerpo, el de Carmela, por él inaugurado. No pudo evitar que en el instante supremo se le escapara ese nombre y que Juliana, que tan obstinadamente se había negado a hablar de su próximo pasado , tuviera de pronto un doloroso acceso al pasado reciente de aquel hombre que la estaba penetrando, como si su cuerpo, el de Melba-Juliana, fuera el cuerpo de otra. Nada menos que el de su hermana, que era solo Carmela sin nombre clandestino.


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Mario Benedetti en "Buzón de tiempo".
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